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divendres, 5 de febrer de 2010

niños y niñas soldado


Empiezo mi nueva etapa del blog con un reportage de los niños y niñas soldado. Todavía hoy se siguen utilizando niños y niñas en conflictos bélicos. Se les roba el derecho a la infancia y se les da a cambio uno de los peores regalos. La muerte, las drogas , la tragedia... son los nuevos compañeros de juegos para estos niños y niñas.

A continuación cuelgo algunos recortes de información que he ido encontrando.


En la actualidad se calcula que alrededor de 500.000 menores son utilizados en conflictos armados alrededor del mundo.

Los roles que desempeñan bajo sometimiento van desde la lucha en el frente de batalla hasta la esclavitud sexual. Limpian, saquean, espían y con frecuencia son utilizados como detectores humanos de minas antipersonales.

Estos niños y niñas son habitualmente secuestrados desde sus casas o escuelas. Los campos de refugiados suelen ser otro espacio frecuente para el reclutamiento forzado.

Aunque el volumen de casos es muy inferior, algunos niños se alistan voluntariamente ante la desintegración total de sus familias, las condiciones de pobreza extrema y la ausencia de servicios asistenciales. Niños que buscan alimento y contención, y que finalmente encuentran abuso y muerte. Entre los países donde la utilización de menores en conflictos bélicos es una práctica cotidiana se encuentran Afganistán, Angola, Birmania, Burundi, Colombia, República democrática del Congo, Costa de Marfil, Guinea, India, Irak, Israel, Indonesia, Liberia, Nepal, Palestina, Filipinas, Rusia, Ruanda, Sri Lanka, Somalia, Sudán y Uganda. Estados Unidos, a pesar de haber ratificado el Protocolo de la convención de los derechos del niño de la ONU, ha utilizado desde el año 2003 por lo menos 70 soldados menores de edad en operaciones militares de campo en Irak y Afganistán.
Se estima que el 40 % de los menores utilizados con fines militares son niñas.


Testimonios recogidos durante una visita de investigación de AI a las regiones de Ituri y Kivu septentrional (junio y julio 2003).
Algunos de estos niños han sido desmovilizados, aunque dada la actual situación en Ituri, todos ellos corren el riesgo de ser reclutados de nuevo y de sufrir otras violaciones de derechos humanos.
Se han cambiado o eliminado los nombres y otros datos de identificación de los niños.


Sylvain

Sylvain tiene ahora 11 años. Su padre es del grupo étnico hema y su madre del alur. Él procede de Fataki, en la región de Ituri, y se enroló en la UPC cuando tenía nueve años.
Se enroló sobre la marcha un domingo, cuando al volver a su casa después de asistir a misa en la iglesia local, descubrió que sus padres habían desaparecido tras un ataque de la milicia lendu. Sin sus padres, pensó que enrolarse en la UPC era su única fuente de protección y posibilidad de supervivencia.
Pasó siete meses en el campamento militar de instrucción de la UPC de Mandro, cerca de Bunia. Sus instructores, dijo a Amnistía Internacional, eran ruandeses y ugandeses, y las armas que le dieron procedían de Ruanda.
Tras la instrucción, fue enviado a combatir. Luchó contra el ejército ugandés en Bunia en marzo de 2003, y antes en Komanda, contra la RCD-ML y la milicia lendu. Dijo a AI que al principio los combates no le daban miedo, porque no entendía que podía morir en el frente. Su primera experiencia de combate fue en Komanda, donde el enemigo, soldados pertenecientes a la RCD-ML, era mucho más fuerte y puso en fuga a su unidad. Su comandante fue capturado y ejecutado, y el resto de su grupo huyó a la espesura.
Cuando regresaron a su base, fueron enviados inmediatamente a combatir a Lipri y Loga. La primera vez que mató, la sangre le salpicó la cabeza y tuvo miedo. Después, matar se convirtió en una rutina. Mató a soldados ugandeses y de la RCD-ML y estaba orgulloso de haberlo hecho.
Cuando lo desmovilizaron, añoró mucho el ejército. Pero ahora se está acostumbrando a su nueva vida. Cuando la situación lo permita, le gustaría vivir con su madre, a la que han localizado. Pero durante mucho tiempo se negó a pensar siquiera en sus padres, porque le causaba mucho dolor.
Quiere estudiar y después aprender un oficio. Los estudios son importantes para él porque "hay que tener inteligencia en la vida y sólo los estudios te permiten adquirir esa inteligencia." Desea que la guerra termine, y que termine pronto.
Sylvain está lleno de cicatrices de sus experiencias en combate, y su salud es precaria. Desde su primer año como soldado, sufre dolores de cabeza reiterados, acompañados de mareos y dificultades para respirar. Pese a ello, sus comandantes siguieron enviándolo a luchar. Mientras era entrevistado por AI, sufrió uno de estos mareos y se hicieron gestiones para llevarlo a un centro de salud próximo, pero la atención médica disponible en esta región devastada es muy básica. "Volverá con los mismos comprimidos que les dan a todos", comentó su tutor.


Edouard

Edouard, que ahora tiene 12 años, ha estado combatiendo los últimos cinco años y sigue en las filas de la RCD-ML.
Los mayi mayi lo reclutaron a la fuerza a la edad de siete años en Mambasa, y se lo llevaron a Beni. Tuvo miedo de que lo capturasen y lo mataran, como a otros civiles de Manbasa, y huyó. Desgraciadamente, tras la huida se encontró con un comandante de la RCD-ML y fue llevado al campamento de instrucción militar de Nyaleke, cerca de Beni. Cuando se enroló ni siquiera había empezado a ir a la escuela.
Al llegar al campamento, le afeitaron la cabeza con un trozo de cristal de una botella rota. En el campamento aprendió a desmontar una pistola y disciplina militar. Los instructores disparaban salvas de munición real delante de los niños para enseñarlos a no tener miedo.
Edouard luchó en los frentes de Bunia, Mambasa, Beni y Butembo. Ha matado a combatientes enemigos. Cuando luchaba en Bunia, vio cómo el enemigo decapitaba a su comandante. Ese día Edouard llevaba una ametralladora tan pesada que tuvo que arrodillarse para disparar.
Fue herido en un brazo en una batalla con el MLC en diciembre de 2002. Todavía carece de sensibilidad en el dedo anular de la mano izquierda. Disparó contra el soldado que le había herido y lo mató.
La vida en la RCD-ML es dura. A veces sus comandantes lo azotaban. «Es un sufrimiento -dice-. No nos dan de comer, ni jabón, ni paga... nadie se ocupa de los heridos.» En ocasiones tiene que mendigar comida.
Cuando se recupere de sus heridas, quiere estudiar.


Natalia

Natalia tiene 16 años. Procede de Kivu Meridional y fue reclutada por la RCD-Goma cuando tenía 12 años: «Vivía en mi aldea con mi madre y mis hermanos y hermanas. Un día los mayi-mayi atacaron nuestra aldea. Los soldados robaron todo lo que teníamos. Unos días más tarde, la aldea volvió a ser atacada por la RCD-Goma, que nos acusó de colaborar con los mayi-mayi y proporcionarles comida. Presencié cómo los soldados mataban a muchos de mis familiares de la aldea y violaban a mis dos hermanas y a mi madre.
»Estaba escondida, pero vi cuántos soldados violaban a mis hermanas y a mi madre. Estaba asustada y pensé que, si me alistaba en el ejército, estaría protegida. Quería defenderme. Una vez en el ejército, aprendí a llevar y a utilizar un fusil e hice guardias nocturnas y diurnas. Era horrible porque yo sólo tenía 12 años y los otros soldados a menudo me golpeaban y me violaban durante la noche. Un día, un comandante quería convertirme en su esposa e intenté escapar. Me capturaron, me azotaron y me violaron durante muchos días.
»Tuve un hijo cuando sólo tenía 14 años. Ni siquiera sé quién es su padre. Me volví a fugar y esta vez conseguí escaparme. Pero hoy no tengo adonde ir ni comida para el bebé y temo volver a casa porque he sido soldado».


Niño, 14 años

«Aprendí muchas cosas. Maté a un hombre porque le di el alto y no quiso parar. Lo mismo hice con una mujer que temía pararse, corrí tras ella y la maté. Me crucé con una niña de 12 años y le amputé sus dos manos. Justo cuando volvíamos de esta operación maté a un hombre dentro de su cabaña. Se nos había dicho que no dejásemos a nadie vivo en la aldea.»Niño, 14 años
La República Democrática del Congo


En la actualidad la República Democrática del Congo es una de los países del mundo con una cifra más alta de niños y niñas reclutados. Desde 1996, miles de niños y niñas han sido obligados a unirse al ejército y las milicias. Todas las partes en conflicto reclutan de forma sistemática a niños y niñas.
A pesar de que el gobierno ha puesto fin a su reclutamiento, las fuerzas gubernamentales, las Fuerzas Armadas Congoleñas (FAC), sigue teniendo miles de niños y niñas soldado en sus filas. Igualmente ocurre con los grupos armados de Kivu Septentrional y Kivu Meridional. El nuevo gobierno de transición y unidad nacional, que tomó posesión en Kinshasa en julio de 2003, tiene ahora la responsabilidad de la desmovilización de los niños combatientes en todo el territorio de la República Democrática del Congo y de facilitar a los niños desmovilizados programas adecuados para su reintegración y rehabilitación.
En el artículo 184 de la Constitución de Transición se establece que "nadie podrá ser reclutado en las fuerzas armadas de la República Democrática del Congo ni tomar parte en guerras ni en hostilidades si no ha alcanzado la edad de dieciocho años en el momento del reclutamiento." En la República Democrática del Congo, miles de niños siguen viéndose obligados a sacrificar su infancia en beneficio del avance político y militar de los dirigentes de las facciones contendientes en el país, pese al reciente establecimiento del gobierno de Transición y Unidad Nacional de la República Democrática del Congo.
En su calidad de niños soldados, se exponen a abusos de todo tipo; muchos de ellos son víctimas de homicidios y todos sufren las secuelas físicas y psicológicas de la experiencia vivida.
La implacable explotación de los niños del Congo a manos de los dirigentes de las fuerzas armadas en beneficio de sus propios intereses materiales y políticos es uno de los ejemplos más atroces de abusos de los derechos humanos en todo el conflicto de la República Democrática del Congo. La comunidad internacional debería presionar a todas las partes involucradas en el conflicto, incluidos los líderes de todos los grupos armados, para hacerlos rendir cuentas de sus actos y ponerlos a disposición de la justicia tanto nacional como internacional.



"Soldado por un día" Colombia

No existen pruebas de que las fuerzas gubernamentales colombianas estén reclutando a menores de 18 años. Sin embargo sí hay indicios de que estén utilizando a niños en tareas de inteligencia y como informantes, a veces por dinero o por un regalo de otro tipo. Según un informe de fecha 19 de mayo 2003, miembros del ejército colombiano ofrecieron 15.000 pesos colombianos a un niño de once años a cambio de información sobre el Área Humanitaria "Esperanza de Dios", departamento de Chocó. Al parecer también se han ofrecido incentivos económicos a niños y jóvenes para que se involucren en el conflicto como "soldados campesinos". El modelo de "soldado campesino" fue puesto en marcha por el gobierno colombiano a finales del año 2002 con el fin de incrementar el contingente del ejército mediante un ejército campesino con 20.000 tropas. El gobierno también aspiraba así a crear una red de campesinos informantes quienes podrían realizar para el ejército labores de inteligencia.
El gobierno siguió adelante con su programa "soldado por un día" que consistía en, mediante actividades lúdicas y visitas a las instalaciones militares, entrar en contacto con el ejército. En algunas regiones, el ejército de la nación informó de haber utilizado a niños para animar a los miembros de sus familias para que abandonasen los grupos armados. Por ejemplo, en Arauca personal del ejército al parecer dieron a los niños falsos billetes de banco con un mensaje escrito en el reverso en el cual se invitaba a desertar de los grupos armados. El 19 de mayo del 2003, el Fiscal General pidió que se retirase el programa "soldado por un día" en Arauca alegando que dicho programa representaba un peligro para las vidas de los niños. Grupos armados no estatales
Los grupos armados no estatales y los paramilitares continuaron reclutando y utilizando a niños, incluidos niños menores de 15 años, en varias regiones de Colombia como Alto Naya y Tierradentro. De acuerdo con un informe de Human Rights publicado en septiembre, mas de 11.000 niños luchaban con los ejércitos irregulares, tanto paramilitares como milicias urbanas. Los niños entrevistados por Human Rights Watch declararon haber sido reclutados cuanto tenían 14 años o menos. Tanto los niños como las niñas explicaron que habían recibido entrenamiento militar cuando tenían alrededor de 13 años y que su participación en los combates tuvo lugar poco después.
El reglamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) establece en los quince años la edad mínima de reclutamiento pero dicho límite de edad no se respetó. Al parecer, miembros de las FARC presionaron a las comunidades indígenas para que se involucrasen en el conflicto armado y según información aparecida en los medios, en mayo y junio las FARC habían reclutado a jóvenes adolescentes entre las tribus nativas de la Amazonia Brasileña. De acuerdo con las autoridades colombianas, el 17 de abril del 2003 murió un niño de diez años cuando, siguiendo ordenes de las FARC, hizo explotar la bomba que llevaba en su bicicleta contra un check point militar. Las mujeres reclutadas por las FARC representan un tercio de sus fuerzas, son víctimas de agresiones sexuales y si se quedan embarazas se les obliga a abortar. En junio de 2003 una niña embarazada desertó de las FARC y de según fuentes militares, declaró que había sido víctima de abusos sexuales.
El Ejército Nacional de Liberación (ELN) también recluta niños y tampoco respeta su regla interna de no incluir entre sus filas a menores de quince años. Se dispone de información según la cual algunas familias indígenas huyeron de sus hogares para evitar el reclutamiento por parte del ELN.
Otros niños fueron reclutados y utilizados por grupos paramilitares vinculados al gobierno, como las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). En algunos casos a los niños se les ofreció un salario de 100 $ o más. En otras, a cambio de sus servicios recibieron ropa o dinero. Las AUC tienen establecida como edad mínima de reclutamiento los quince años pero siguen reclutando a niños por debajo de esta edad. Human Rights Watch entrevistó a doce antiguos miembros de las AUC y de éstos, sólo tres tenían quince años o más cuando fueron reclutados. Programas de desarme, desmovilización, rehabilitación y reintegración (Programas DDR) y otros programas de protección de niños y niñas El 22 de enero de 2003 el gobierno colombiano publicó el Decreto 128, el cual enmendaba las Leyes 548 (1999) y 782 (2002), relativo a la reintegración de soldados voluntariamente desmovilizados, incluidos los niños y niñas. El Artículo 22 del Decreto 128 prohíbe a cualquier grupo, también a las fuerzas armadas, la utilización de niños en actividades de inteligencia. Sin embargo, el Artículo 13 del Decreto podría permitir la amnistía de los paramilitares y miembros de los grupos armados que recluten o utilicen niños durante las hostilidades.
Según información del Ministerio de Defensa Colombiano, entre enero y junio de 2003 se desmovilizaron 110 niños. La mayoría de ellos se habían escapado o habían sido capturados por las fuerzas del gobierno. El 12 de junio de 2003 las AUC dejaron en libertad y entregaron a UNICEF y al gobierno a 40 soldados entre 14 y 17 años. La prensa colombiana informó de algunas liberaciones de niños soldados por parte del ELN. El 20 de agosto, el Alto Comisionado de Colombia para la Paz anunció que la desmovilización de miembros de las AUC empezaría en septiembre y que a finales del año, entre 1.500 y 2.000 miembros de las AUC habrían sido desmovilizados. No se sabe si se iban a tomar medidas especiales para los niños y niñas.
Acontecimientos internacionales
El 5 de agosto de 2002, el gobierno colombiano ratificó el Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional, donde el reclutamiento de niños menores de 15 años queda definido como crimen de guerra. Sin embargo, en la ratificación, el gobierno, acogiéndose al Artículo 124 del Estatuto, declaró que no aceptaría la jurisdicción del Tribunal para los crímenes de guerra cometidos por sus nacionales o en su territorio durante los siete años posteriores a la entrada en vigor del Estatuto en Colombia (1 de noviembre 2003). Las declaraciones hechas bajo el Artículo 124 pueden ser retiradas en cualquier momento.
Recomendaciones· El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debería animar al gobierno colombiano a que ratifique el CRC-OP-CAC y manifieste su compromiso con la norma de reclutamiento "a los 18".· Los grupos no estatales, incluyendo los paramilitares, deberían declarar su compromiso con el CRC-OP-CAC así como con la norma de reclutamiento " a los 18".· Las Naciones Unidas deberían urgir al gobierno para que retire la reserva hecha bajo el Artículo 124 del Estatuto de Roma.· Las Naciones Unidas deberían incrementar la intensidad de los diálogos con todas las partes del conflicto en Colombia, haciendo un llamamiento para que respeten la legislación internacional que prohíbe el reclutamiento y la utilización de niños y niñas soldados.· Las agencias de Naciones Unidas que trabajan para desmovilizar y reintegrar a niños y niñas soldados en Colombia, deberían proveerse de mecanismos que garanticen una coordinación eficaz con todas las organizaciones multilaterales, internacionales y locales que también están trabajando en este campo.· Los programas de desarme, desmovilización, rehabilitación y reintegración (Programas DDR) deberían contemplar las necesidades específicas de las niñas, los niños indígenas y afro-caribeños, los ex combatientes que durante su reclutamiento eran niños y ahora han alcanzado la mayoría de edad, y otros grupos de jóvenes que pueden quedar al margen de los programas actualmente en marcha.· Las Naciones Unidas deberían urgir al gobierno colombiano para que ofrezca oportunidades alternativas al reclutamiento, tales como una mayor facilidad de acceso al empleo y la educación.
Igualmente se debería pedir al gobierno colombiano que ponga fin al programa de "soldado por un día" puesto que difunde una cultura militar entre los niños.




Los niños liberianos

La vida de los niños liberianos se ha visto arruinada por 14 años de conflicto prácticamente ininterrumpido, en el curso del cual se les ha dado muerte, han quedado huérfanos, han sufrido mutilaciones, han sido secuestrados, se han visto privados de educación y de cuidados médicos y han sido reclutados y utilizados como niños soldados. Todas las partes en conflicto -el ex gobierno de Liberia y los dos grupos armados de oposición- han utilizado niños soldados. Niños y niñas, en algunos casos de tan sólo siete años, han sido obligados a luchar, a portar munición, a preparar comida o a llevar a cabo otros cometidos. Las niñas han sido violadas y obligadas a prestar servicios sexuales. A muchos les dieron drogas y alcohol y con un adiestramiento mínimo o inexistente los enviaban directamente a la línea de frente donde morían o resultaban heridos. Los que se resistían al reclutamiento o se negaban a cumplir las órdenes de los jefes eran golpeados o asesinados.
Se calcula que hay unos 21.000 niños soldados en Liberia.
El reclutamiento y uso de niños soldados vulnera los derechos de los niños y es un crimen de guerra. Sin embargo, hasta la fecha la comunidad internacional y el Gobierno Nacional de Transición de Liberia han mostrado poca voluntad a la hora de poner en manos de la justicia a los responsables. La impunidad se ha visto reforzada por una propuesta incluida en el acuerdo de paz de Liberia suscrito en agosto de 2003 por la cual el Gobierno Nacional de Transición consideraría la concesión de una amnistía general a todas las personas que hubieran participado en actividades militares durante el conflicto.
El derecho internacional prohíbe la concesión de amnistías para crímenes como el genocidio, los delitos de lesa humanidad y otras violaciones graves de las normas internacionales. Una amnistía de este tipo supondría negar justicia a los niños soldados y a los miles de hombres, mujeres y niños que han padecido atroces abusos contra los derechos humanos durante el conflicto. La justicia, la reconciliación y una paz duradera no se alcanzarán hasta que los responsables de estos delitos no rindan cuentas. Necesidades de los niños y niñas soldado liberianos El acuerdo de paz suscrito en agosto de 2003 y la decisión del Consejo de Seguridad de la ONU que, en septiembre del mismo año, dispuso el despliegue de un importante contingente de mantenimiento de la paz en Liberia prepararon el terreno para que por fin se pusiera término al conflicto. No obstante, persisten muchos problemas y uno de los más acuciantes es el de satisfacer las necesidades de los ex niños soldados, las cuales, no se reducen al desarme y la desmovilización: la rehabilitación y la reintegración en la sociedad son procesos complejos y a largo plazo y exigen un esfuerzo sostenido de apoyo y dotación de fondos. La educación es esencial y constituye invariablemente la ambición prioritaria de los propios niños, como muchos de ellos han informado a representantes de Amnistía Internacional.
Organismos de la ONU y otras organizaciones han emprendido programas específicos para los ex niños soldados en los que se les proporcionan servicios de salud, educación, formación práctica, localización de sus familiares y reunión con ellos, y se presta especial atención a las necesidades específicas de las niñas, muchas de las cuales padecen las consecuencias psicológicas, físicas y sociales de abusos sexuales y otros abusos físicos, "matrimonios" forzados, embarazos y partos. La necesidad urgente de responder a las necesidades de los ex niños soldados de Liberia fue subrayada por los participantes -entre ellos el secretario general de la ONU- de la Conferencia Internacional sobre la Reconstrucción de Liberia celebrada en febrero de 2004 en Nueva York. Los compromisos contraídos por los gobiernos donantes en febrero deben ponerse en práctica de manera rápida e integral, entre otras cosas mediante la dotación de suficientes recursos para el proceso de desarme, desmovilización, rehabilitación y reintegración de los ex niños soldados tanto de inmediato como a medio y largo plazo, insta Amnistía Internacional.
En su resolución 1539 (2004) sobre la protección de los niños en los conflictos armados, el Consejo de Seguridad de la ONU condenó enérgicamente el reclutamiento de niños soldados y la violación y otras formas de violencia sexual contra ellos, y recordó la responsabilidad de los Estados de poner fin a la impunidad y enjuiciar a los responsables de genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y otros crímenes perpetrados contra niños.
http://www.es.amnesty.org/camps/ns/paises.php


Si eres testigo de un asesinato una vez, sientes miedo, se te revuelve el estómago, vomitas, lloras. Cuando el crimen se convierte en parte de tu vida diaria, te insensibilizas. Y si además te drogas, se te apagan las emociones”. Ishmael Beah sustituyó el verbo jugar por el verbo matar con apenas 12 años. El ejército de Sierra Leona le obligó a enterrar su niñez y a empuñar un fusil durante tres años en los que cometió crímenes cuya sombra sigue oscureciendo cada noche sus sueños una década después. Pero Ishmael Beah ya no es ese niño de ojos enrojecidos por el odio, la cocaína y la pólvora. En su mirada franca y alegre no hay rastro aparente de su estremecedor pasado. “Tengo que aprender a vivir con los recuerdos de todo lo que hice. Son parte de mí mismo. Pero por eso quiero transformarlos en algo positivo. He vivido tantas cosas horribles que si me quedara sólo con lo malo, no podría levantarme por las mañanas”. Criado en una sociedad donde la tradición oral es el cordón umbilical por el que viajan las experiencias de la comunidad, nunca habría podido narrar sus vivencias como niño soldado de esa manera en una ciudad como Nueva York, adonde se trasladó a vivir en 1998 tras ser adoptado por una estadounidense.Pero sí pudo escribir un libro, Un largo camino, que ahora llega a las librerías españolas y con el que espera contribuir a que el planeta tome conciencia de lo que significa realmente arrancarles su niñez a los más de 300.000 menores de 18 años que actualmente son obligados a combatir en 40 conflictos a lo largo y ancho del planeta. “El libro nació de la frustración. Cuando empecé a viajar por el mundo contando mi historia había gente que ni siquiera sabía que Sierra Leona era un país. Y cuando llegué a Estados Unidos me di cuenta de que el conflicto nunca aparecía en los telediarios. Y las pocas veces que se hablaba de esa guerra era para hacer hincapié en la violencia y las masacres, sin contexto, como si fuéramos simplemente un montón de colgados. Nunca se hablaba de cómo la guerra afecta a la gente”.
“Mi sueño es llegar a trabajar en la Corte Penal Internacional. Quiero contribuir a evitar situaciones como las que yo he vivido. Estoy convencido de que sí es posible prevenirlas, pero tiene que haber voluntad política. La prensa suele hablar de las guerras como si fueran debidas sólo a factores internos, pero hay muchos factores externos. Los países que están interesados en nuestras materias primas también son culpables. No hay leyes internacionales que penalicen la venta de armas, y mientras no se persiga a los países que las venden y se les siente en el banquillo, nada va a cambiar”.
Hay capítulos en el libro de Ishmael que incitan a preguntarse si es posible sobreponerse a ciertos hechos. Por ejemplo: “El teniente apuntó a los prisioneros. No estaba seguro de que alguno de aquellos cautivos fuera el que me había disparado, pero en aquellos momentos me servía cualquiera. Estaban todos en fila, eran seis, con las manos atadas. Les disparé a los pies y vi cómo sufrían todo un día hasta que los rematé con un tiro en la cabeza para que dejaran de gritar. Al apuntar a cada uno, los miré y vi cómo sus ojos abandonaban toda esperanza y se calmaban hasta que apretaba el gatillo. Su mirada sombría me irritaba”.
Éste es sólo uno de los múltiples crímenes que mancharon la vida y vaciaron el alma de Ishmael a lo largo de tres años. Como todos los niños que acaban empuñando un rifle, nunca quiso ser soldado, y la guerra que asolaba su país era simplemente un rumor lejano hasta que llegó a su pueblo. Antes de que Mogbwemo fuera arrasado por los rebeldes del Frente Unido Revolucionario, su vida consistía en jugar, ir a la escuela y cantar en un grupo de hip-hop. En cuestión de horas, Ishmael perdió a sus padres y hermanos y comenzó una larga huida hacia ninguna parte junto a otros niños huérfanos que acabaría algunos meses más tarde al ser adoptado por el Ejército de Sierra Leona, donde se le puso un arma en la mano a la fuerza y se le entrenó para matar. “En nuestra cultura, ser parte de la comunidad es muy importante, y tener una familia es fundamental. Cuando yo perdí a la mía, el ejército se convirtió en mi nueva familia. El comandante –un tipo violento que leía a Shakespeare– era la figura paterna, y los otros niños soldado, mis hermanos. Nos dieron un rifle y nos enseñaron a luchar. Por eso, cuando Unicef me sacó de allí, me resistí. Se crean relaciones muy fuertes en ese contexto”.
La marihuana, la cocaína y el brown brown, una mezcla de cocaína y pólvora, eran el menú diario que sus superiores les proporcionaban a estos pequeños asesinos. “A veces nos sentábamos a ver películas como Rambo y al terminar estábamos listos para salir a matar, y como teníamos las herramientas para hacerlo, lo hacíamos. Pero quizá lo peor del cine bélico sea que transmite la idea de que hay buenos y malos. Y no es cierto. En la guerra, todos los bandos son malos. Cuando matas a alguien, lo que te hace por dentro es tan dañino que nadie está a salvo. Te deshumaniza”. Ishmael sólo pudo entenderlo cuando fue obligado a separarse de su rifle. Durante casi tres años, su arma fue su mejor amigo hasta que un grupo de funcionarios de Unicef le sacó de la guerra y lo trasladó a un centro de rehabilitación en Freetown. Allí conoció a otros jóvenes que habían combatido en el bando contrario. Y tuvo que aprender a superar el odio. “Esa parte es muy dura. Yo era muy violento con todos los que habían luchado con los rebeldes. Pero entendí que la retórica de la guerra era la misma en todos los bandos. A nosotros nos lavaban el cerebro y nos decían que ellos habían matado a nuestras familias, y a ellos les contaban lo mismo. En el proceso de vengarnos unos de otros, todos matábamos gente en una cadena de violencia sin fin. Y despertar y darte cuenta de lo que has hecho es muy duro”, recuerda ahora.
Quizá porque lo empezó a contar a los 17 años como vocal de los niños soldado de Sierra Leona ante la ONU, o porque lo vomitó en un libro, o porque el tiempo va curando las heridas, Ishmael es capaz de hablar de su trágico pasado con serenidad. Ya no hay lágrimas, aunque seguramente las hubo, y tampoco los remordimientos entorpecen su discurso, aunque las pesadillas sigan ahí y aún necesite acudir a terapia. “Ser un soldado no es difícil: o te acostumbras o te matan. Lo más duro es conseguir vivir con tus recuerdos y volver a ser tú mismo después de haber hecho las cosas que has hecho. Pero es posible: los programas de rehabilitación funcionan. Si te sacan de la guerra y te colocan en un centro en el que te ayuden a superar el trauma, tienes parte del camino hecho. Pero también es necesario tener una familia fuerte y una escuela. Yo tuve suerte, porque hubo alguien, mi familia adoptiva en Nueva York, que me apoyó. Pero también fue importante regresar a la escuela y descubrir allí que había cosas que me interesaban, como la política”.
Poco después de dejar el centro de rehabilitación para trasladarse a vivir con un tío paterno en Freetown, Ishmael fue escogido entre cientos de voluntarios para representar a los niños soldado de Sierra Leona ante la ONU. Allí fue donde conoció a Laura Simms, una de las responsables de los talleres que se organizaron durante la estancia de Ishmael en Nueva York. En 1997, cuando la guerra volvió a amenazarle al llegar a Freetown, huyó de su país y, tras un periplo de casi un año, consiguió trasladarse hasta Nueva York, donde fue adoptado por Simms. “Tuve muchísima suerte”, reconoce, y no duda, en parte, en atribuírsela a Dios. “Crecí como musulmán, pero en Sierra Leona hay mucha mezcla y tolerancia religiosa. No sé cuál es mi religión, pero siempre he creído que si estoy vivo es porque Dios quiso que me salvara”.
Hoy su vida transcurre en Brooklyn, un barrio neoyorquino del que escuchaba hablar en las primeras canciones de hip-hop que llegaron hasta él. “Mi idea de EE UU estaba basada en las películas y en las canciones. Creía que en las calles sólo había gente que conducía deprisa y disparaba. Nunca me imaginé que Nueva York podría ser una ciudad en la que la gente socializa por la calle”.
Si se le pregunta por los placeres que ha descubierto en el mundo occidental, no acierta a contestar. Finalmente se le ocurre una debilidad por su país adoptivo. “La tecnología. Internet es maravilloso, pero lo que siempre me gustó hacer en mi país, bailar y jugar al fútbol, también lo puedo hacer aquí”.
La primera vez que aterrizó en la Gran Manzana, camino de la ONU, nadie le dijo que era invierno. Llegó en camiseta y pantalones cortos y en Nueva York nevaba. Ishmael ni siquiera sabía lo que era la nieve. “Mi primer mes en Nueva York fue abrumador. La mitad de las veces no tenía muy claro si lo que estaba viviendo era realidad o ficción”. Al regresar a Sierra Leona se pasó muchas noches contándole a su familia sus experiencias neoyorquinas. Hoy, en cambio, Nueva York es la ciudad que ha hecho posible que muchos de sus sueños se cumplan. Pero la nostalgia sigue estando ahí. “Echo de menos la simplicidad de la vida. Me falta la conexión humana. Aquí la gente ni siquiera se preocupa por conocer a sus vecinos. Eso en mi cultura sería imperdonable. Tus vecinos son casi como tu familia. Todos se conocen, todos se respetan”.
Pese a las diferencias, se niega a criticar las preocupaciones de los occidentales, que podrían parecer superfluas comparadas con las de gente que carga con un pasado como el suyo.
“Si alguien se siente mal y sufre, da igual el por qué. Hay que ayudarle a sentirse mejor, aunque uno piense que su dolor es vacuo. A mí lo único que realmente me resulta extraño es ver tanta infelicidad entre gente que tiene de todo. Yo vengo de un país en el que la gente no tiene de nada y es mucho más feliz que los de aquí”.

http://www.elpais.com/articulo/portada/fui/nino/soldado/elpepusoceps/20080119elpepspor_4/Tes

1 comentari:

JOAN ha dit...

M'agrada aquest nou impuls dl blog, m'agrada i moool!!

Segur q axi, amb eixos tematics tindras sempre un munt d seguidors fidels, jo el primer!!

Axo si! procura q les entrades siguin moltes de seguides i curtes i no una d tan llarga q si no es facil abandonar esgotat ;)

1petó!!